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Olvidados
Hace demasiado tiempo que no estoy por aquí. No les contaré mis problemas porque aquí estamos para tratar de resolver los problemas de los demás. Ha habido razones serias para no poder escribir en esta, mi columna. Y al preguntarme sobre qué escribir se me ha pasado lo que muchas veces le comento a la gente. ¿Por qué es tan fácil olvidarse de los problemas, problemas reales de la gente que sufre por el mundo?. Tengo un gran amigo que tiene 84 años, se llama Felipe y es el único superviviente en vida de un campo de concentración Ruso. Da envidia verle con ese ánimo que, aún cuando no quieres ni hablar con nadie, te hace alguna broma para que tengas que acabar riéndote. Es un maestro de la guasa.
 
En una de nuestras interminables e interesantes charlas un día le hice esta misma pregunta y él me contó lo siguiente. '...cuando estábamos todos en el campo de concentración muchos se preguntaban cómo era posible que Dios nos hiciera esto. Cómo era posible que la gente no hiciera nada por nosotros y muchos se lamentaban de su maldita suerte. Al salir, salimos vivos sólo 45 de los 1.500 que entramos en la primera tanda, aquellos que decían eso volvieron a sus casas y todos ellos se hartaron de comer y beber y de disfrutar lo que durante ocho años y medio nos estuvo vetado. Yo llegué a pesar 32 kilos durante tres años y teniendo que trabajar 14 y hasta 20 horas diarias por un triste cuenco de sopa y un trozo de pan raído. Antonio, aquellos mismos que gritaban y se quejaban de que la sociedad nos hubiera tratado así, aquellos se olvidaron de repente de todas las penalidades del mundo. No quisieron saber nada de las desgracias de los demás, como si no fuera con ellos. Tengo que decirte que, lamentablemente, el hombre es un ser egoista por naturaleza. Eso me ha enseñado la vida...'
 
Bueno, la vida le ha enseñado muchas cosas más que esto que aquí os cuento. Pero eso me ha enseñado a mí a no esperar nada de los demás. No sólo la gran epopeya que ha pasado Felipe a lo largo de esa triste y dura vida (sus frutos ha recibido y bien merecidos,) sino también mi experiencia en este proyecto en el que estoy y estaré.Somos egoistas y no dejaremos de serlo. Vivmos con miles de problemas en nuestra vida privada como para tener que preocuparnos de los demás, eso es lo que no repetimos continuamente. ¡Allá cada cual con su vida!
 
Pero yo no puedo ser así. Me niego a desentenderme del sufrimiento de los demás. Me niego a olvidarme de mis niños en Camerún. Me niego a ser egoista y dar prioridad a mis problemas. Me niego a olvidarme de que este mundo es muy grande y que, a pesar de sentirme muy solo, no lo estoy. Si quiero que la vida me dé amor y felicidad, tendré que empezar por darle a la vida lo que pido. Y, eso, amigos, sólo se puede hacer siendo solidarios con aquél que más lo necesita. Y, para mí, quienes más lo necesitan son todos los niños del mundo que sufren.
 
Antonio Pérez
 
(A victoria y Cecilia)
 
 
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