Recientemente, los grandes mandatarios del mundo, se han reunido en la Asamblea de las Naciones Unidas para tratar el tema de la pobreza en el mundo y sus posibles soluciones. Siempre que he visto anunciadas estas reuniones he sentido la misma sensación y me he hecho la misma pregunta. ¿Cuánto se han gastado en los viajes, los hoteles y las grandes comilonas a costa de sentarse a hablar sobre la pobreza?. Hagan cuentas y les aseguro que con una sola comida en esos restaurantes ,a costa del erario público, se mantendrían a muchas familias durante un año entero. Pero parece que esa no es la reflexión a la que llegamos muchos...
En cualquier caso hablemos de cifras. Por lo visto no se han hecho las cuentas bien. De los compromisos que se habían llegado en reuniones anteriores sólo se han cumplido la mitad de ellos y quedaría la otra mitad por cumplir antes del año 2015. (¡Que no queda nada señorías!). Curiosamente es España el país donde sí se han cumplido los compromisos y más allá de lo prometido. ¡Enhorabuena!, pero antes tendré que explicar un poco más cómo se realizan esos compromisos. Porque sí queda claro que el dinero se ha donado, pero de qué manera.
Los españoles nos tenemos por solidarios y es realmente cierto. Somos los que más nos involucramos en ayudar a nuestros semejantes comparándonos con nuestros vecinos más próximos. De hecho somos los que más donamos nuestros cuerpos para que nuestras vísceras sean reutilizadas por otras criaturas que lo necesitan como el agua de mayo. Así es, lo repito, pero tengo algo que decir al respecto. Y ruego que no se me malinterprete. Voy a ello.
Creo que entendemos mal el concepto de la ayuda. Consideramos que al dar dinero nos resarcimos de nuestra culpa por lo que pasa en nuestro mundo. ¿Conocen a alguien que no done o haya donado alguna vez en su vida? Yo a nadie. Así nos sentimos mejor y que estamos en armonía con nuestro entorno. Lo que no entendemos es que debemos EXIGIR el destino de nuestro dinero, a dónde se han destinado nuestros recursos y quién es el que lo ha hecho y de qué manera. A mí me escandaliza el dinero que se gastan las supuestas ONGs (muy famosas ellas) en anuncios de televisión y de prensa o radio. ¿Saben cuánto cuesta un anuncio en la televisión de 20 segundos?. Yo sí, pregunten. No es la primera vez ni será la última en la que salgan a luz las corruptelas de esas ONGs. Las ONGs más conocidas se las apañan para hacer politiqueo y que esta partida o esa otra les sea a ellos donada. Es un juego, terrible juego de intereses. Se ha convertido en un poder oculto del que realmente no se pueden hacer la más mínima idea. Los millones corren por aquí y por allá con el sello supuesto de Obra Social. Claro, social en el sentido estricto, pero de qué sociedad hablamos. ¿De la formada por los integrantes de la ONG o de los perceptores últimos de nuestra donación o parte del presupuesto del Estado? Por favor, háganse esa pregunta. No intento convencerles de nada, sólo que se cuestionen a dónde se dirige ese dinero que tanto les ha costado donar, dinero que es suyo ganado con mucho esfuerzo y que lo han donado precisamente para que les llegue a quienes más, y realmente, lo necesitan.
Les hablo sabiendo realmente, por experiencia, que es cierto lo que aquí escribo. Hoy mismo Médicos sin Fronteras está siendo cuestionada realmente por el ¿trabajo? que se supone deben de estar realizando en el Chad. Mientras yo les escribo estas líneas la mayoría de los niños de África menores de cuatro años estarán muriendo de hambre y enfermedades...
...pero habrán muchas ONGs que estarán allí alimentándose del dinero que usted, sí, usted, habrá donado.
Antonio Pérez
(A Victoria y Cecilia)
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